MUSEO NACIONAL Y CENTRO DE INVESTIGACIÓN DE ALTAMIRA (Santillana del Mar, Cantabria) 1994-2001

AUTORES

JUAN NAVARRO BALDEWEG



DESCRIPCIÓN
MUSEO NACIONAL Y CENTRO DE INVESTIGACIÓN DE ALTAMIRA (Santillana del Mar, Cantabria) 1994-2001

Los problemas de conservación de la cueva de Altamira aconsejaron hace años restringir el nº de visitas y surgió la necesidad de crear una réplica de ésta para acoger la afluencia de visitantes que actualmente la cueva de Altamira no puede, en modo alguno, asumir. Se hizo necesario además integrar un centro de investigación destinado a su estudio, depósito de fondos arqueológicos y el museo para albergar la réplica y como medio de difusión. Con estos objetivos se eligió en las zonas próximas a la cueva un área para emplazar el nuevo Museo. Se situó éste área en el lado occidental, en otra vertiente de la colina en la que se encuentra la cueva y separada por vegetación abundante. Este lugar era el apropiado a la integración de las nuevas construcciones en las suaves pendientes de la topografía local. Su caída en la dirección norte permite una entrada a la neocueva similar en orientación de la cueva . La localización de esta construcción queda fuera del área impluvial de la cueva, evitando cualquier alteración por esta circunstancia en la misma. El nuevo Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, por tanto, había de alojar un programa de considerable tamaño y, sin embargo, las características formales de la obra habían de ser cuidadosamente estudiadas para respetar el frágil paisaje. Este cuidado se orientaba al logro de mantener la cueva rodeada de un paisaje liberado y limpio con la capacidad evocativa y el misterio que su entidad exige. La intención de integrar las nuevas construcciones en el paisaje estaría reñida con la cubierta necesaria para albergar la réplica. Por esta razón el proyecto propuso una cubierta inclinada, siguiendo las pendientes del suelo natural, recubierta de césped e integrando un sistema de lucernarios corridos. En el espacio intermedio que existe entre la neocueva y esa cubierta se alberga el centro de investigación, la zona de laboratorios, dirección y administración y la biblioteca que se incorporan bajo la misma estructura y con buena iluminación cenital. Desde la biblioteca se puede contemplar la trascueva, la cáscara artificial y el sistema de su cuelgue desvelando el carácter escenográfico de la neocueva. La creación de la réplica invita a interpretar su instalación en el paisaje como “imagen espejo” o reflejada que supone un ámbito “virtual”. Por ello el marco que establece la diferencia entre lo virtual y lo real cobra importancia. Este marco se manifiesta como el perímetro cuadrangular recortado en la colina bajo el que se alberga la réplica. Este perímetro viene subrayado por las marquesinas de 3 y 4 metros de voladizo. La boca de la neocueva es un objeto de diseño muy preciso. Debe tenerse en cuenta esta inserción en lo construido y ser ella misma arquitectura asegurando su control climático con un cierre de cristal. Desde el interior, la visión del paisaje estará enmarcado en el perímetro de la boca de la neocueva que reproduce características originales recortándose el paisaje existente como si se tratara de una naturaleza invariable en el tiempo. Estas observaciones sobre el marco, la distinción entre un ámbito virtual y otro real, en definitiva sobre la “ventana” de la estética clásica, subyacen en la concepción de estos aspectos del proyecto. A través de la boca se logra así una visión del exterior con intenciones evocativas pero también es importante considerar cómo, hacia el interior, las condiciones lumínicas producen un efecto de luz. Podemos decir que el aspecto del Museo recrea una tectónica geológica. La disposición de los elementos estructurales y de los distintos lucernarios tiene un significado preciso. Esa disposición nos habla de acciones sobre la colina, nos insinúa metafóricamente que se ha hecho un recorte en ella, que se ha levantado su corteza y se ha hecho sitio en su interior. Las salas del Museo con sus lucernarios alineados parecen abiertos también con un único gesto que consiste en levantar y girar la cubierta. Se trata de un gesto detenido en el giro: deja flotando y sin apoyos la superficie laminar entreabierta. La forma escalonada de estos brazos en que se desarrollan las salas reproduce la constitución por estratos, en cortes paralelos y escalonados similares al de la naturaleza del suelo. Hay pues referencias en el edificio de Altamira a una tectónica que podemos denominar “narrativa”. Su constitución física nos dice por implicación de lo que trata el Museo y cómo se ha llegado a su definición. Reproduce los momentos de un proceso. La arquitectura representa una naturaleza geológica, recrea un trozo de colina y lo manipula siguiendo acciones y movimientos que se congelan en actitudes expresivas, en poses estáticas de arquitectura. La construcción nace y se hace desde el suelo pero también se deshace, integrándose y diluyéndose en la pendiente de la colina. Es un edificio que se entreabre al paisaje de un modo expresivo pero sin superarlo, se instala haciéndose sitio en una convivencia cómoda con lo que hubo allí siempre.

Valores universales El Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira había de alojar un programa de considerable tamaño y sin embargo, las características formales de la obra, habían de ser cuidadosamente estudiadas para respetar el paisaje. La intención de integrar las nuevas construcciones en el paisaje estaría reñida con la cubierta necesaria para albergar la réplica. Por esta razón el proyecto propuso una cubierta inclinada, siguiendo las pendientes del suelo natural, recubierta de césped e integrando un sistema de lucernarios corridos. Su constitución física nos dice por implicación de lo que trata el Museo y cómo se ha llegado a su definición. Reproduce los momentos de un proceso. La arquitectura representa una naturaleza geológica, recrea un trozo de colina y lo manipula siguiendo acciones y movimientos que se congelan en actitudes expresivas, en poses estáticas de arquitectura. Es un edificio que se entreabre al paisaje de un modo expresivo pero sin superarlo.

Valores asociados a la permanencia El Museo de Altamira resulta, después de 20 años tan atractivo y apropiado como el día de su inauguración. Tiene una presencia geológica, la virtud de la propia naturaleza y el paisaje en el que se inserta. Cristaliza un proceso topográfico, geológico y hace partícipes a los visitantes de ese tiempo extenso que compartimos con los acontecimientos prehistóricos. Refleja este lugar la permanencia del signo, del objeto cargado de significado, de la acción creadora que pretende comunicar y perdurar a lo largo del tiempo. Si hay alguna obra asociada a la permanencia, a lo que era, lo que es y lo que será, a la dificultad de sobrevivir al tiempo, es esta.

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